La Salina de la Roqueta

LA SALINA LA ROQUETA

  • Los dueños de las 40 hectáreas de salinas y un molino del XVIII en pleno parque natural (Salina de la Roqueta) desisten de recuperarlos
  • Llegaron a ofrecérselos al Ayuntamiento, pero no han recibido respuesta
Con menos de diez céntimos por gaditano se podría ‘comprar’ uno de los últimos terrenos rústicos que quedan en el término municipal, con unas posibilidades de recuperación de patrimonio histórico y natural y de generación de empleo ligado al desarrollo sostenible indudables: Más de 40 hectáreas de salinas en pleno Parque Natural de la Bahía de Cádiz, un molino de mareas y un ventorrillo del XVIII y dos polvorines o casamatas del mismo siglo se ‘venden’ por la irrisoria cantidad de 10.000 euros. ¿10.000 euros? ¿seguro?, preguntamos incrédulos a nuestro interlocutor al teléfono. Como lo leen. 10.000 euros, el presupuesto para arreglos de una comunidad de pocos vecinos y mucho menos de lo que consigue recaudar una campaña cortita de crowdfunding.

El Molino de Mareas del Arrierillo, también conocido como de Santibáñez -por el ventorrillo-, y anteriormente como de Roqueta, varias construcciones aledañas y las Salinas Preciosa y Roqueta, situado todo en la Vía Augusta Julia, sin número -junto a la autovía Cádiz-San Fernando, a la izquierda- se ‘venden’. Entre comillas, porque en realidad estos terrenos menguantes por sucesivos deslindes y expropiaciones a lo largo de las últimas décadas no se pueden vender sin autorización de Costas y del parque natural, según explica a este periódico Jens Witthaus. Menos, las salinas, que dejaron de ser propiedad privada para convertirse en concesión administrativa.

HAY UN REQUERIMIENTO DE OBRAS DE SEGURIDAD, QUE COSTARÍAN DECENAS O CIENTOS DE MILES DE EUROS. LA EXPROPIACIÓN DE LAS EDIFICACIONES CERCANAS AL MOLINO ESTÁN PREVISTAS EN EL NUEVO PGOU

Pero ¿quién es Jens Witthaus? Uno de los socios de Construcciones y Promociones de Viviendas Bahía de Cádiz SA, la sociedad propietaria de los terrenos sobre los que se levantan las edificaciones históricas y la concesionaria de las más de 40 hectáreas de salinas. Las únicas, junto a las de La Dolores, que quedan en el término municipal gaditano. «Lo que estamos ofertando es la transferencia de los seis o siete paquetes de acciones en los que está dividida la sociedad propietaria de los terrenos, que no tiene ninguna otra actividad, ni patrimonio, ni personal empleado», matiza Jens Witthaus.

Puede que les suene Construcciones y Promociones de Viviendas Bahía de Cádiz. Sobre todo si tienen más de 60 años. Decía Fernando Quiñones que junto al casco antiguo, Puertatierra le parecía, histórica y estéticamente, una cigala de plástico junto a una de verdad. Imaginen entonces una tercera ciudad con bloques de viviendas para más de 100.000 habitantes y algunos hoteles ocupando todo Santibáñez e incluso terrenos ganados a la Bahía mediante rellenos. Pues eso era Cádiz III, un mastodóntico proyecto urbanístico que se planteó a finales de los 60 y principios de los 70 con la intención de solucionar las necesidades de una ciudad que quería crecer. Y con las expectativas de un magnífico negocio, claro. Afortunadamente desde el punto de vista ambiental, el proyecto cayó en saco roto con la llegada de los ayuntamientos democráticos. Pero ya había recibido el no de Cádiz durante los últimos mandatos municipales tardofranquistas, según recuerda Witthaus. Construcciones y Promociones de Viviendas Bahía de Cádiz era precisamente la sociedad que lo promovió.

La declaración del Parque Natural de la Bahía de Cádiz en 1989 vino a blindar el territorio bajo su protección frente a cualquier otro proyecto especulativo dentro de los límites del espacio protegido. Y los planes de construcción de viviendas de la sociedad se trocaron en otros ambientalmente más sostenibles, enfocados a un turismo capaz de valorar en su justa medida la riqueza ecológica de las salinas y esteros gaditanos. Así, en 2005, es el propio Jens quien, desde la plataforma de otra empresa, Acuicultura Roqueta, S A, plantea al Ayuntamiento de Cádiz la explotación de parte de las salinas como un estero -que se nutriría de un centro acuícola- donde los visitantes pudieran pescar y comerse luego lo pescado en un restaurante con vistas a la Bahía abierto en un molino de mareas rehabilitado. La imagen idílica la completaban jinetes disfrutando de rutas a caballo, padres con sus niños remando plácidamente en barquitas y hasta un balneario de talasoterapia. Un complejo turístico y de ocio, en definitiva, alimentado por energía mareomotriz, dentro del parque natural, en la desconocida frontera por la que respira el término municipal. Aquello -recuerda Jens Witthaus- tenía el visto bueno de Costas y del parque natural. Pero no fue bien acogido por el equipo de Gobierno municipal de entonces, pese a que en el nuevo Plan General de Ordenación Urbana se recogía un proyecto muy parecido. La decepción fue grande. En paralelo, como otra opción, mantuvieron una oferta de venta de los terrenos al Ayuntamiento. El precio nunca trascendió.

Luego llegaron nuevos deslindes y expropiaciones, entre ellos la ampliación de la vía férrea, la del carril paralelo, la del que conduce a la depuradora y la de un área recreativa del parque natural que hoy podría calificarse de fantasma. Total: casi 44,5 hectáreas de propiedad quedaron reducidas a poco más de 60.000 metros cuadrados. «Y claro, nadie quiere invertir en lo que no es suyo», dice el empresario alemán.

Diez mil euros todo, vale. Pero ¿seguro que no tienen ninguna carga? Aquí es donde se revela el misterio: La expropiación de las construcciones del entorno del Molino del Arrierillo está prevista en el PGOU. Además, sobre ellas pesa un requerimiento de orden de ejecución de obras de seguridad que acordó la Junta de Gobierno Local el uno de abril de 2016. Fue a raíz de un informe técnico municipal de 9 de marzo del mismo año, que derivó de un expediente iniciado el 11 de junio de 2014. En el requerimiento, al que ha tenido acceso este periódico, se daba un plazo de dos meses para que la propiedad comenzase a ejecutar en un máximo de cuatro, unas obras inmediatas de seguridad «en estas edificaciones protegidas, en tanto que forman parte del entorno del Molino del Arrierillo«. Total: varias decenas, si no cientos de miles de euros de coste.

El 18 de mayo del año pasado, Jens Witthaus y Enrique Ordóñez, en representación de Construcciones y Promociones de Viviendas Bahía de Cádiz, dirigen un escrito al Ayuntamiento en el que llegan a plantear, no ya la venta, sino la cesión gratuita de las edificaciones al Ayuntamiento. «Al estar prevista la expropiación del inmueble en el vigente PGOU, para evitar un mayor desembolso a la Hacienda Pública Municipal, la sociedad manifiesta fehacientemente su voluntad de ceder, no sólo las construcciones, sino también los terrenos sobre los que se alzan las mismas a esa Administración, no debiendo ésta aguardar a la disponibilidad presupuestaria para hacer uso del inmueble y destinarlo al fin que entienda más oportuno».

En el mismo escrito la sociedad argumenta que no puede ejecutar las obras de seguridad, entre otras cosas, porque parte de la propiedad está ocupada por personas y animales, que hay indicios de que puede tratarse de vivienda habitual y que son estas personas quienes han levantado las construcciones cuya demolición se requiere.

Jens Witthaus asegura no haber recibido a día de hoy respuesta del Ayuntamiento a la oferta de cesión gratuita, por lo que entiende que no la acepta.

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